miércoles, 24 de febrero de 2010

SENSATIONS CAPITULO UNO

Todo se estremeció, en una mañana de invierno, tal como una tormenta, pero no como cualquier otra. Las copas de los árboles se movían para todos lados, como en una batalla contra el viento. Se bamboleaban los toldos precarios de algunos almacenes antiguos. Detrás de mi hacían un gran estruendo que cuando se golpeaban me daban escalofríos. Me acuerdo que tenia puesto esa mañana, tan bien que cuando lo repito parezco una maquina, un Jean, mis medias rojas, claro me había sacado las zapatillas antes de entrar a la cama, entonces llegaría a la conclusión de que una pesadilla completamente nueva invadía mi almohada, también la remera blanca que me regaló mi amiga Magali y una campera negra, de polar. Eso si, el escenario no lo recuerdo tan bien como lo que llevaba puesto. Eran las típicas calles antiguas, con almacenes y puestos ambulantes, y, si recuerdo el cartel de la esquina solsticio, una calle que nunca en mi vida había escuchado. Ni conocía tal cual. Ese cartel estaba apunto de ser llevado por el viento, se tambaleaba tanto que en cualquier momento se iba a romper. Escuché un gran estruendo en el cielo, levanté la vista y miles y millones de gotas extensas tocaron mi rostro y empaparon todo mi cuerpo. Levanté la capucha de mi campera, como una tonta y fui a refugiarme a algún lugar con techo, me estaba congelando, pero era en vano, con el viento se movían y me mojaban más. Designada y empapada. En ese momento, llegué a pensar que me había vuelto loca. Si, algo parecido. Sentía tanto frio, y era todo tan real, las gotas del agua intensamente fuertes, Intenté descifrar donde estaba pero nada servia, me extrañaba que no haya nadie en los locales como si estuviesen serrados por mucho tiempo, llenos de polvo por dentro, también que no haya nadie, era todo desolado. Pensé que era bueno comprobarlo con la realidad, aparte de estar un poco loca, me pellizqué para ver si estaba soñando, es algo común. Pero no tan común, si realmente sentía las gotas y percibía todo. Y que no me haya despertado con semejante pellizcón que me di en la pierna. Lo intenté como dos veces más en los brazos, pero ya me dolía mucho, y no podía despertar. Son mis tontas pesadillas dije, ya va a terminar, pero todo empeoró. Quería despertarme, y empezó a llover más, y más. El cielo se tornó casi negro, el más oscuro de las gamas de los grises. El estar bajo una tormenta así, y no despertar, me daba pánico, miedo. Lo más normal en una pesadilla. Pero hay cosas peores me supuse, mire de nuevo a mis costados, lidiando con el viento que parecía que me cortaba por la intensidad. A mi derecha estaba ese cartel, esquina solsticio. Mis lagrimas no se distinguían con las gotas sobre mi cara, en ese preciso momento deseaba gritar, pero no podía por el pánico y el miedo que me cerraron las cuerdas vocales, no emitía ningún sonido. Que más me quedaba por hacer, absolutamente nada. Seria una de las típicas pesadillas mías, Llegué a relacionar todo con un pensamiento que invadió mi cabeza y me puso todavía con mas miedo. La muerte. No era nada fácil lo que me estaba pasando. Era como tan real, que me desvanecí, caí en el piso, acurrucada como una pequeña, me faltaba chuparme el dedo, era una total y completa cagona. Si claro, pensé en la muerte, estaba en shock, no asociaba nada. Miré alrededor, y … me di cuenta que ya no llovía con tanta intensidad, algunos truenos llegaban a paralizar mi corazón. Odio los truenos, un trauma desde que era chica. Tonto trauma. Solo veía el brillo de los relámpagos, eran perfectos. Como un flash deslumbrante, algo terrorífico. Nada me pasaba por la mente más que esos relámpagos. En cuestión de segundos quizás, o minutos, dejo de llover completamente me levanté y gire a ver el cartel, como una tonta corazonada, me acerqué para leer la altura, pero estaba apunto de caerse. El cartel era no se, ancho y con letras gastadas nombraba la calle y nada mas. Pero el palo que lo sostenía era mas alto que yo. Claro todo en este mundo es más alto que yo. Soy del tipo enana, que no acepta serlo. Algo patético pero bueno es parte de mi, de mi forma de ser, tonta y negativa. En vez de correr me quedé atónita mirando el cartel casi zafado del palo, y no soy muy matemática. Pero ese cartel vendría hacia mí por el viento, pero bueno prácticamente pensando que fuera una pesadilla, lo peor es el susto del momento, lo que te hace despertar. Estaba temblando. Esperando el impacto, y algo feliz de que me despierte. Era increíble, sentía el corazón a mil y mi adrenalina apuesto a que subió. Pero algo nubló mi vista por unos segundos, era como ese relámpago perfecto, me encandiló. Me dejó sin aire, y me impulsó hacia el piso, con mucha presión, fue espeluznante, un sentimiento que no había sentido nunca, pero si, claro, lo mas loco es que en ese instante no me desperté, logré ver el cartel a un costado mío. Y también logré ver por enzima de mi una figura, un rostro humano, que se iba perfilando cada vez más. Primero noté los ojos, tan dorados como la miel. Una nariz, con una perfecta silueta. Unos labios finos, pero llenos de… realmente estaba loca. Mis ojos no distinguían bien, al cabo de segundos la imagen se difuminó, con una ráfaga suave de viento que acarició mi cara. Cierro los ojos y los vuelvo a abrir, y estaba en la cama, como si nada, al fin despierta. En mi realidad, temblaba, si, todavía el pánico, el miedo y el momento de adrenalina estaban en mi pecho. Respiraba desaforadamente. Y creo que mi corazón se había saltado de lugar. Empezé a reconocer mis cosas en la oscuridad del cuarto, mi televisión, mi escritorio, y… estaba empapada. Por un momeno miré mis pies y… reconozco mis medias rojas, mi jean. Me logro sentar, y toqué mi campera. La misma, si. No se me ocurrían respuestas lógicas. Estaba respirando normal, mi corazón ahora latía como un ser humano. Pero no estaba bien, no podía ser. Mis sabanas mojadas mi almohada, todo mojado. Yo estaba mojada. Y recuerdo perfectamente la pesadilla. Estaba en el medio de un dilubio. Y realmente no llovia en mi realidad. Prendo la luz, y respiro me levanto de la cama y me miro al espejo. Exactamente las ronchas rojas en mi brazo por los dos pellizcotes que me había dado… 

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